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Una de las frases escritas en las paredes negras del local de Los Pinchos de Metro, dice “Un gran pincho conlleva una gran responsabilidad”, mientras que otros comentarios en el muro elogian la originalidad del lugar y el buen servicio.

Pero la decoración singular no es la única característica destacada del emprendimiento fundado por un quiteño radicado en Riobamba, amante de la cocina y los asados.

Allí su producto estrella, un pincho que mide un metro de largo, es la razón del nombre del negocio. El pincho se sirve sobre una tabla de madera e incluye una variedad de embutidos, choclos, distintos tipos de carne y ensaladas.

Además, viene acompañado con tres tipos de salsas cuya receta solo la conoce Ricardo Rivera, su propietario. El tamaño del pincho está inspirado en la cantidad de comida que una persona promedio requiere para sentirse satisfecho. Hay tres variedades de pinchos en el menú que cuestan entre USD 9,50 y 11.

El pincho mixto de carnes con embutidos y camarones es el más solicitado por los clientes. Ellos dicen que el sabor ahumado de las carnes y los mariscos combina a la perfección con las salsas que acompañan la comida.

Con ese criterio concuerda Elizabeth Bernal, una cliente fiel. “Hemos visto crecer el negocio y algo que nos gusta es que la comida siempre es deliciosa y nunca se redujo la cantidad. Por eso, cuando tenemos mucha hambre vamos a Los Pinchos de Metro”. De hecho, el satisfacer al cliente con la cantidad justa de comida fue la idea que impulsó el emprendimiento.

En el 2015, Ricardo Rivera paseaba con su familia y buscaba un refrigerio para compartir con sus hijos pequeños. “Sentimos que con un pincho no nos íbamos a llenar y en esa época no teníamos dinero para comprar más. Con los niños empezamos a bromear y alguien sugirió la idea de que ojalá hubiera pinchos gigantes”, recuerda Rivera. Esa idea estuvo rondando por su mente durante varios días, hasta que se animó a experimentar en su cocina.

Cuando le comentó a su esposa y a su familia su proyecto de elaborar un pincho que midiera un metro, todos se rieron. Pero luego madre e hijos aportaron con ideas y empezaron un estudio de mercado en Quito. Toda la familia Rivera ayudó en la tarea, ellos preguntaban en las calles sobre las preferencias de la gente, sus gustos y la tendencia en comidas rápidas. En un inicio el emprendimiento se inició como un pequeño estand en el centro de Quito.

Los comensales degustaron el producto y el negocio empezó a crecer. Un día uno de los clientes más asiduos sugirió cuidar la idea, convertirla en marca y publicitarla en las redes sociales. Rivera, que había invertido los USD 5 000 de sus ahorros en la compra de materias primas, enseres y equipos de cocina, aceptó la sugerencia y convirtió su idea en una marca patentada. Poco tiempo después, debido a asuntos familiares, los Rivera se trasladaron a Riobamba.

Allí el negocio se instaló dos meses después de que la familia llegara. Fue necesario convertir un local comercial en un restaurante, por lo que la familia invirtió alrededor de USD 12 000 más. El local se instaló a finales del 2016 en las calles Villarroel y Pedro de Alvarado. En un inicio el público no se animaba a cambiar su idea tradicional de las brochetas, pero finalmente llegaron atraídos para curiosidad hacia los productos.

“Cuando escuché que vendían pinchos de un metro pensé que se trataba de alguna estafa. Así que quise comprobarlo y desde entonces no he podido dejar de ir, son increíblemente buenos”, cuenta Ángel Sánchez, un cliente.