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El río llega hasta una estructura de piedra que forma una visera perfectamente elaborada y pulida como si hubiera sido construida con cemento, pero no, se trata de un accidente natural que permite una caída de seis metros y es ahí donde se dibuja la cascada Ñiachi Yacu.

 

Curiosamente, el río –que lleva el mismo nombre de la cascada– muere después de que sus aguas se precipitan al vacío desde la visera, dejando una estela de gotitas en el aire, que dan la sensación de que alguien refresca los rostros de los visitantes en aquel clima que se ha modificado desde el frío intenso de Papallacta, en los límites de la provincia del Napo, hasta el semitropical de este sitio, a escasos 30 minutos de Tena.

 

Al pie de la cascada se forma una pequeña laguna donde los turistas pueden nadar y recibir los pesados chorros de agua para sanar dolores de espalda, asegura don Luis. En los costados de la cascada hay dos agujeros por donde se filtra el agua y el caudal del río desaparece.

 

Luis Aldaz, de 66 años, y su esposa Rosa Ana Alvarado, de 53, descubrieron la cascada dentro de su predio de 2,6 hectáreas, en el kilómetro 12 de la vía Archidona-Baeza, en la comunidad Rumiñahui.

 

Luis vio el potencial turístico que tenía este sector y decidió emprender en un negocio familiar. Abrió un sendero, de 200 metros, desde la vía principal hasta la cascada, habilitó una ruta para caminar debajo de la visera, es decir, detrás del caudal blanco y espumoso de la cascada y ya recibe turistas. Sin embargo, no está conforme y quiere construir cabañas para hospedaje, hamacas para el descanso de los turistas, un parqueadero, una cancha para jugar indor y habilitar un espacio para preparar alimentos de la zona.

 

Su casa está en el filo de la carretera y dispone de un gran patio con cubierta de zinc, donde funcionará el restaurante.

 

Para lograr este propósito piensa pedir un crédito de $10.000 a un banco o cooperativa y, mientras tanto, él y su esposa siguen atendiendo a los turistas con su carisma y sencillez y compartiendo sus conocimientos de hombre de campo.

 

Actualmente cobran un dólar por visitar la cascada y disfrutar del sendero; sin embargo, cuando termine de habilitar los otros servicios el pase costará tres dólares.