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Cada vez más personas renuncian a la carne de forma consciente o al menos comen menos de ella.

Muchos países europeos se están volviendo directamente vegetarianos o veganos. Sin embargo, no hace falta renunciar por completo a la carne, ya que ésta contiene varias sustancias nutritivas.

 

En general, se recomienda no consumir por semana más de 300 a 600 gramos de carne roja o embutidos, es decir, unos 31 kilos por persona al año, según señala Antje Gahl, portavoz de la DGE.

 

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Todo depende de la medida justa. En los embutidos suele haber demasiada grasa. "Y al preparar la carne se le suele agregar más grasa, por ejemplo al asarla y más aún al rebozarla y luego freírla", explica Gabriele Janthur, experta en nutrición.

 

En la carne no hay solo colesterol, que puede generar enfermedades cardiovasculares. Las llamadas purinas elevan el ácido úrico en la sangre y pueden causar gota, advierte Margret Morlo de la Asociación para Nutrición y Dietética (VFED).

 

Si se come mucha carne roja, también aumenta el riesgo de cáncer de intestino. Por carne roja se entiende la carne y los productos derivados de la carne como ternera, oveja, cabra o cerdo. El consumo de carne blanca, como aves, no está asociado a un mayor riesgo de cáncer.

 

Si se quiere, se puede vivir perfectamente sin carne: "No es una obligación que forme parte de la alimentación", sugiere Janthur. Cuando se lleva a cabo una alimentación sin carne, las proteínas se obtienen de verduras y legumbres como las arvejas, los guisantes, los cereales así como la leche y los productos lácteos.

 

"Las vitaminas y minerales se pueden cubrir también comiendo lácteos y llevando una dieta variada", explica la experta. Es importante que la alimentación sea balanceada e incluya verduras, frutas, productos de grano entero, frutos secos así como determinadas legumbres y aceites y nueces.

 

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Quien no quiere renunciar a la carne, en todo caso, debería consumirla más bien como acompañamiento de verduras, ensaladas, patatas y fideos, y no como componente principal del plato. "Una bolognesa no tiene por qué estar hecha solo con carne", propone Morlo. Con zanahorias, cebollas, tomates, hongos y ajíes se convierte en una alternativa más sana.

 

Otra cosa que hay que tener en cuenta al preparar la carne es que lo ideal es hervirla o asarla con poco aceite. Si se dora, que sea de forma moderada. Si se cocina o grilla durante mucho tiempo, pueden producirse sustancias que puedan originar cáncer.

 

Ya sea en el carnicero, en el supermercado o en el mercadillo del fin de semana: la carne buena puede encontrarse en cualquier parte. Pero para los consumidores, suele ser difícil descubrir cuál es mejor, sobre todo si le importa que sea sana. Una posibilidad es comprar carnes orgánicas.