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La parroquia San Miguelito es un sector rural del cantón Píllaro. En uno de sus barrios, San Vicente, vive Víctor Sisa, un hombre de 64 años que conoce perfectamente el sonido y el espacio que hay entre cada cuerda del arpa. 

 

En la entrada de su domicilio está el taller de carpintería. Las herramientas están en el lugar exacto, es este un espacio muy ordenado, donde de lunes a viernes él trabaja.  

 

Mirando cada detalle de las piezas del arpa, que aún están por armar, Víctor recuerda su juventud. Cuando empezó a entonar el arpa, a los 23 años aproximadamente, pidió que le construyeran una en Ambato. Más tarde, en la época en que fue a trabajar en Quito, en una carpintería, le dijo a su maestro que le ayudara a construir bien su arpa, pues la que tenía resultó de mala calidad. Es así como se inició en el mundo de la artesanía. 

 

 

Elaboración

Más de 35 años entonando y construyendo arpas han hecho que Víctor sienta una pasión muy grande por su trabajo. La expresión de su rostro y manos hablan solas; sonríe, conversa con soltura y sabe divinamente cómo fabricar un instrumento complejo como el arpa. 

 

La madera de capulí, cedrón y pino son el mejor material. “La madera debe estar bien seca, los árboles de capulí y cedrón tienen que ser bien antiguos, más o menos de unos 100 años de vida. El pino es importado, es la madera que se utiliza para hacer las guitarras”, explica.  

 

EL DATO

La construcción de un arpa está valorada en 2.000 dólares.Las cuerdas son compradas, pero Sisa conoce la distancia que cada una de ellas tiene. Asimismo, cuenta que su hijo Darío, quien estudia Ingeniería Mecánica, tiene un proyecto para realizar una máquina que les permita fabricar en su propio taller las cuerdas. 

 

Por otro lado, la caja de resonancia es la parte del arpa que le da el sonido a las cuerdas, estos soportes están hechos de piezas de pino y capulí.

 

Los huesos de res también son uno de los materiales que se utiliza para construir el arpa. “Compramos las patas de res para hacer el caldo, después los huesos los dejamos secar y los torneamos en una máquina para colocar el soporte de las cuerdas”, señala. 

 

Los acabados son laca acrílica, esto le da un color armónico al instrumento, además, de los detalles y figuras que tiene incrustado en su cuerpo.  

 

 

Los nativos pillareños

El sonido que tiene la entonación del arpa es impresionante, es imposible no reconocer que las manos hábiles de Víctor están haciendo sonar la canción inmortal de su natal Píllaro.  

 

Varias veces este hombre cierra los ojos, seguramente para sentir con amor cada nota musical. Pasados unos minutos de disfrutar de un pequeño concierto en el taller de carpintería, empieza a contar su travesía en Los nativos pillareños, su grupo de música. 

 

EL DATO

La vida útil de este instrumento es de 30 años aproximadamente. En el año 82, cuenta Víctor, tuvo la oportunidad de grabar un disco de acetato con Fausto Lara como director del grupo. En ese tiempo, relata, era muy difícil grabar un disco; sin embargo, con ayuda de un auspiciante, llegaron a Quito a una casa disquera. 

 

La experiencia fue emocionante y a la vez complicada. “El señor que grababa no quería que repitiéramos nada, para él era una sola pasada salga como salga, si se equivocaba uno teníamos que repetir todos, es por eso que nuestro disco al inicio tuvo fallas”.  

 

Sisa fue quien tomo la dirección de Los nativos pillareños cuando Fausto Lara falleció. “Anteriormente solo hacíamos música en cuerdas; en el arpa, el violín y la guitarra, ahora estamos en la tercera generación de músicos y ya utilizamos una batería electrónica, una acústica y un piano”. 

 

El conjunto es contratado para los bailes y para fiestas de casa, su amplio repertorio les permite compartir con el público de cuatro a cinco horas.

 

Los nativos pillareños y Los corazas, el otro grupo musical que integra Víctor, se destacan por el arpa. “Para fabricar este instrumento hay que saber entonar y para entonar hay que tener un gusto especial”.