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Alejandro Quichimbo es parte de los pocos artesanos que aún quedan en San Bartolomé, parroquia rural perteneciente a Sígsig, desde donde las mejores guitarras del país son exportadas.

 

Quichimbo, casi sin tocar la guitarra, tiene la capacidad innata para que ellas alcancen el mejor de los sonidos. Se logra, dice, con la manera de armar cada una de las piezas, principalmente de las vigillas, que son una pequeños maderos bien formados que van dentro de la caja de resonancia.

 

Cuna de artesanos

Nadie sabe desde qué época surgió la técnica, pero todos conocen que su comunidad, San Bartolo, rodeada de grandes montañas de la cordillera oriental de los Andes, es cuna de hábiles artesanos que fabrican guitarras “que lloran y hacen llorar”, señala Quichimbo, quien heredó la habilidad de sus bisabuelos.

 

“Son los americanos y de otros países, todos músicos, que vienen a adquirir una guitarra o un charango, o me encargan que las elabore”, señala Alejandro. El material de estas vigillas se mantiene en secreto, al asegurar que no quiere competencia en su arte.

 

Casa-taller

En su casa-taller recibe todos los martes, viernes y domingos a decenas de turistas, especialmente extranjeros, que acuden al barrio para comprar una guitarra.

 

Aunque el negocio ha decaído, cuenta que hace unos doce o quince años, sus guitarras eran exportadas a México y Estados Unidos, y se las vendían en casas musicales de Quito y Guayaquil, como la Claverol, recuerda.

 

A la vera del camino interno de San Bartolo, los letreros anuncian: “Se venden guitarras, charangos”. Quichimbo dice que disminuyeron los pedidos de sus productos por la entrada de instrumentos de Perú, Brasil, Argentina y otros países.

 

El precio de cada instrumento depende de la madera y oscila entre los 120 y 1.500 dólares.

 

Herencia

Cada fase de elaboración demanda periodos que pueden extenderse hasta tres días. “Es una herencia de nuestros abuelos y deseamos mantenerla”, anota.

 

Asegura que crear las guitarras le toma cerca de dos a tres días, “todo depende del tipo de madera y de la guitarra que se desee”, sostiene.

 

El proceso es sencillo, según Quichimbo, sin embargo, desde lejos parece difícil.

 

El artesano asegura que sus guitarras se han entonado en los conciertos más caros del mundo.