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Los rayos del sol iluminan los corrales donde se alojan las cabras que forman parte de la Asociación de Comercialización y Producción de Leche de Cabras Mascarilla, conformada, desde hace doce años, por trece socios, en la comunidad Mascarilla, en el cantón Mira (provincia del Carchi).

 

Rubí Minda, de 60 años, una de las integrantes de la asociación, llega despacio al corral donde viven sus quince cabras, separadas por pequeñas divisiones de 4 x 4 metros.

 

“Tengo quince cabras, entre chiquitas y grandes. Siete están lechando”, dice Rubí. Esta semana logré entregar 47 litros de leche. ¿Cuánto dinero alcanzó en el mes? Unos $ 190, dice mientras le da un biberón con leche a un chivo que nació hace cinco días. Su rostro es alegre y parece que eso transmite a sus cabras, que apenas la ven corretean y quieren salir. Ella abre la puerta del corral donde están las cabras lecheras y una por una salen corriendo y de un salto suben al sitio del ordeño.

 

La cabra come sin perder tiempo. Es para que suelte leche, dice. “Quédate quieta”, grita, al tiempo que lava las ubres con ayuda de una jarra de agua. Enseguida toma un pedazo de tela y las seca. Con la mano derecha presiona una de las ubres y se ve un chorro fino de color blanco que se precipita en el interior de una olla. En unos minutos saca toda la leche, le da una nalgada cariñosa y la cabra regresa balando al corral. La siguiente espera el turno en la puerta.

 

Al final del ordeño, Rubí abre la puerta del corral de las crías de más de ocho días de nacidas y ellas corren hasta el sitio donde están sus madres y maman el último remanente de leche que les queda.

 

Actualmente la asociación cuenta con 204 cabras y alcanzan una producción semanal de 240 litros de leche. El pasado 1 de junio se incorporaron 90 y la producción de leche se incrementó a 345 litros.

 

“Nosotros dependíamos solo de la agricultura, pero gracias a CTE, una ONG belga, el Gobierno Provincial del Carchi y el Municipio, que nos ayudaron con crías, corrales, la organización y la comercialización con la empresa Mondel, logramos este negocio”, dice Tarquino Minda, presidente de la asociación. “Hicimos un crédito con BanEcuador, estamos trabajando conjuntamente con el Magap y hoy tenemos un taller en Tulcán con ellos, sobre cabras y créditos”, cuenta.

 

 

Inicialmente la asociación funcionaba en un solo corral y la producción se repartía en partes iguales, pero el trabajo no era equitativo, algunos no llevaban comida, otros no ayudaban en la limpieza, en fin, hubo inconvenientes y decidieron repartirse las crías, los resultados fueron excelentes porque crecieron rápidamente.

 

Mientras el día agoniza, Anita Lucía Lara va en busca de comida para sus cabras. Armada de una hoz y un machete camina hasta unos matorrales que rodean al pueblo que está sembrado en las estribaciones del Valle del Chota y con destreza se abre paso entre la maleza hasta descubrir una zona verde. Aunque los mosquitos inundan el sitio, en menos de diez minutos corta dos bultos de yerba fresca. (I)

 

Las crías nos dieron en comodato, prácticamente, teníamos que hacer reproducir, criar las cabras y luego devolverlas. Así funcionó al principio”.

Tarquino Minda,

presidente de la Asociación de Leche de Cabra.