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El presidente Donald Trump impone el tono a la cumbre del G20, que inició ayer en Buenos Aires más dividida que nunca por el conflicto entre Rusia y Ucrania y la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China.

“Dialogar y dialogar es la forma de empujar los límites de lo posible”, dijo el presidente argentino Mauricio Macri al inaugurar el foro que reúne a los líderes de las 20 países más potentes y emergentes del planeta.

Al ingresar a la reunión, el presidente ruso, Vladimir Putin, saludó con entusiasmo al príncipe heredero saudita Mohamed bin Salman, en el foco de la polémica por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Luego se sentaron juntos e intercambiaron bromas y risas.
 

Nuevo tratado
Luego de que Trump anulara la cita que ambos habían fijado, Putin llegó con espíritu combativo a la cumbre -que finaliza mañana- al denunciar las “prácticas viciosas” de las “sanciones unilaterales” y del proteccionismo comercial.

En lo que se perfila como uno de los pocos momentos de consenso, Estados Unidos, México y Canadá firmaron un nuevo tratado de libre comercio tras meses de tensión, idas y venidas. Bautizado T-MEC por los mexicanos, el pacto reemplaza al TLCAN que regía el comercio entre estos tres países desde 1994 y que fue derribado por Trump.

Para el Presidente argentino, el G20 será una oportunidad de mostrar al mundo la mejor cara de su país, con la esperanza de seducir a los inversores para que el dinero fluya a la debilitada economía argentina.
 

“Un disparate”
Decenas de organizaciones sociales que rechazan al G20 y en particular al Fondo Monetario Internacional, con el que el gobierno de Macri firmó un acuerdo de 56.000 millones de dólares para estabilizar el mercado cambiario, se preparaban para movilizarse.

“La cumbre me parece un disparate. Estamos mal ¿y tenemos que poner un montón de dinero para esto?”, comenta Agustina Vianello, de 25 años, al acudir a su trabajo en un call center.