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Donald Trump y Kim Jong Un celebran este martes un encuentro histórico y hasta hace poco inimaginable tras décadas de tensiones provocadas por las ambiciones nucleares de Pyongyang.

 

Los dos hombres, de recorrido y estilos radicalmente distintos y con más de 30 años de diferencia, tienen cita en Singapur.

 

El presidente de EE.UU. Donald Trump y mandatario de Norcorea Kim Jong Un estrechan manos al iniciar reunión en Singapur.

 

El esperado apretón de manos entre el presidente estadounidense y el dirigente norcoreano, cumplido poco después de las 09:00 del martes en Singapur (20:00 de Ecuador / 01:00 GMT) en un hotel de lujo, fue observado por millones de personas en todo el mundo y tendrá un lugar en los libros de historia.

 

Ambos líderes realizan una entrevista a solas, antes de un encuentro con sus equipos respectivos y una comida de trabajo.

 

Pero, a pesar del espectacular acercamiento diplomático de los últimos meses, persisten numerosas incógnitas respecto a la cumbre entre los dos dirigentes.

 

En una serie de tuits publicados el martes por la mañana desde Singapur, Trump indicó que los preparativos de la reunión "iban bien".

 

"Pronto sabremos todos si puede haber o no un acuerdo real, a diferencia de los del pasado", tuiteó, antes de atacar en otro mensaje a los "haters y perdedores" que consideran la cumbre como una concesión arriesgada a Kim, con el que el presidente estadounidense intercambió amenazas e insultos durante meses.

 

Kim Jong Un, que hasta este año no había realizado ninguna visita oficial al extranjero, apareció muy desenvuelto ante las cámaras durante su encuentro con el primer ministro singapurense.

 

El lunes por la noche, el líder norcoreano, que dirige uno de los países más herméticos del mundo, disfrutó de una salida por Singapur, cuyos lugares turísticos más emblemáticos visitó, visiblemente encantado.

 

¿Qué se espera del encuentro?

El arsenal nuclear norcoreano, que provocó una serie de sanciones de la ONU a lo largo de los últimos años, será la cuestión central de las conversaciones.

 

El jefe de la diplomacia estadounidense Mike Pompeo, que se entrevistó dos veces con Kim Jong Un en poco tiempo, aseguró el lunes que las conversaciones entre Washington y Pyongyang habían avanzado rápidamente en los últimos encuentros y dijo ser "muy optimista en cuanto a las posibilidades de éxito".

 

Pompeo afirmó que Estados Unidos estaba dispuesto a aportar a Corea del Norte "garantías de seguridad únicas, diferentes" de las propuestas hasta ahora, a cambio de una desnuclearización "completa, comprobable e irreversible".

 

 

Corea del Norte, que multiplicó desde 2006 los ensayos nucleares y balísticos, se ha declarado a favor de la desnuclearización aunque nunca ha entrado en detalles sobre la forma de llevarla a cabo.

 

"Trump cantará probablemente victoria sea cual sea el resultado de la cumbre, pero la desnuclearización de la península coreana es un proceso que llevará años", considera Kelsey Davenport, de la Arms Control Association. La "verdadera prueba" será "la adopción o no por Corea del Norte de medidas concretas para reducir la amenaza que representan sus armas nucleares".

 

El jefe de la diplomacia estadounidense asegura, sin embargo, que la situación es totalmente distinta esta vez y que el encuentro dará sus frutos.

 

"Sólo hay dos hombres que pueden tomar decisiones de semejante importancia. Esos dos hombres estarán sentados en la misma habitación", afirmó Pompeo en la víspera de la cumbre.