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Inácio Lula da Silva, exmandatario de Brasil (2003-2010), llegó a bordo de un helicóptero, que se posó a las 22:30, sobre la sede de la Policía federal de Curitiba. Había sido detenido por la tarde en las afueras de Sao Paulo, desde donde fue trasladado a ese lugar en avioneta.

 

Varias centenas de adversarios de Lula se congregaron desde una horas antes frente al edificio, lanzando fuegos artificiales, haciendo sonar cornetas y silbatos y golpeando cacerolas. Desplegaron una bandera de Brasil gigante, al grito de "¡Viva la República de Curitiba, viva Sergio Moro!", refiriéndose al juez que ordenó su encarcelamiento.

 

"La República de Curitiba aguarda la llegada del mayor corrupto del país", gritaba una mujer sobre un camión de sonido.

 

Curitiba es la denominada "capital de Lava Jato", la investigación que sacó a la luz una descomunal red de corrupción encaramada en el aparato estatal.

"Quiero que Lula venga, que lo detengan. (...). Gracias a esta detención existe ahora una pizca de esperanza en Brasil, de justicia", dijo Felipe Ploencio, un guardián de seguridad, de 26 años.