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“Es tu turno, doctor”. Este grafiti escrito en marzo del 2011 por un grupo de adolescentes en un colegio en la ciudad de Daraa, al sur de Siria, en alusión al presidente Bashar al Asad y en el contexto de la primavera árabe que ya había derrocado a los gobernantes de Egipto y Túnez, desató la ira del mandatario sirio con la persecución, detención y tortura de los jóvenes y desencadenó una guerra que ya entra al séptimo año de un conflicto cada vez más complejo y sin indicios de solución.

 

Las manifestaciones se multiplicaron, aumentó la represión y persecución que dio paso al surgimiento de los grupos rebeldes, alimentando extremismos violentos y preparando el terreno para una guerra regional, explica el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al Hussein.

 

Los seis años de conflicto han desembocado en una pequeña guerra mundial, como la calificó The Washington Post, en donde confluyen fuerzas rebeldes locales, regionales con grupos que operan desde la frontera turca, iraquí o libanesa; internacionales con países como Rusia, EE.UU. o Arabia Saudita. El complejo escenario se agravó con la presencia de los yihadistas de Estado Islámico que buscaron instaurar un califato.

 

Moscú intervino militarmente en el conflicto en septiembre del 2015, y ha conseguido revertir la situación en favor del régimen.

 

El gobierno de Al Asad controla ahora 36% del territorio, el grupo Estado Islámico el 29%, los kurdos 23% y los rebeldes solamente 12%, publica AFP.

 

También es una guerra de sectas rivales de Siria, entre chiitas y sunitas. Los principales contendientes sirios y regionales no veían una guerra por la democracia, sino por el poder, refiere Henry Kissinger en Orden Mundial.

 

Kissinger indica que la guerra complica la configuración política de Siria, incluso de la región con grupos sirios kurdos que han creado unidades autónomas sobre la frontera turca, que con el paso del tiempo podría fusionarse con la unidad autónoma kurda en Irak.

 

Los diversos intentos de diálogo han fracasado. Una tercera ronda de nuevas negociaciones en Astaná, la capital de Kazajistán, terminó el pasado miércoles sin avances, luego de que los rebeldes denunciaran violaciones del alto el fuego.

 

El conflicto entra en una nueva etapa con una oposición debilitada tras perder Alepo uno de sus mayores bastiones, que fue recuperado por el Gobierno sirio en diciembre pasado. Los últimos grupos de rebeldes y sus familias fueron evacuados ayer de otro frente de rebelión del 2011 contra Al Asad, Homs, ciudad que junto a Alepo retratan los niveles de violencia y destrucción de los bombardeos del Ejército sirio contra los opositores que acabaron con la ciudad y la vida de miles de personas.

 

“Pero las pequeñas guerras continuarán y Siria no será nunca más como antes... No solo se ha destruido la infraestructura, también el tejido social”, dice Rami Abdel Rahman, director del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos.

 

Según los expertos, el conflicto ha dañado la economía de Siria al punto de hacerla retroceder al nivel que tenía hace tres décadas, privándola de casi todos sus ingresos, con la destrucción de la mayoría de las infraestructuras. El sistema de educación y el de salud están en ruinas. Un estudio publicado en abril del 2016 por la ONU y la universidad de Saint Andrews (Escocia) señala que la economía se contrajo un 55% entre 2010 y 2015, según AFP.

 

El analista sueco Aron Lund dijo al medio español El País que la comunidad internacional deberá plantear un programa de estabilización del país para que puedan volver los refugiados y los capitales para armar una campaña intensiva de reconstrucción. (I)

 

Cuando empezamos a manifestarnos, no esperaba que llegáramos hasta este punto. Pensaba que terminaría en dos, tres meses, un año máximo. Que esta guerra se termine por las armas o de forma pacífica, poco importa. El pueblo quiere vivir en paz”.