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Aún recuerdo ese día. Era noviembre de 2004. Los médicos me dijeron que me quedaban 60 días de vida. Me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda de alto riesgo.

Sí, me dijeron que tenía cáncer. Además, estaba sentenciado a permanecer atado a una silla de ruedas, por una hemiplejia que afectó el habla y la movilidad del lado derecho de mi cuerpo, como consecuencia de las primeras sesiones de quimioterapia. Quince años después estoy aquí, viviendo el día a día de una manera diferente, pero feliz.

 

 

Soy Edison Criollo, tengo 31 años, para llegar a este día pasé casi dos años y medio con sufrimientos y esperanzas. Con ganas de vivir y así mismo deseos de abandonar el tratamiento que enfrenté. Las quimioterapias terminaron el 18 de abril de 2007 y me mantuve en vigilancia médica continua, hasta que en enero de 2018 me declararon sobreviviente al cáncer. Los médicos me dijeron que soy un milagro. Nunca me di por vencido.

 

 

A mis 16 años, cuando cursaba el tercero de bachillerato, entrenaba en alto nivel y como amante del fútbol llegué a ser parte del Aucas y del Deportivo Quito.

 

 

Desde los 14 años mi vida giraba en torno al deporte, que lo combinaba muy bien con los estudios. Los fines de semana jugaba en las Ligas barriales. No me gustaba salir, beber alcohol y menos las drogas. Mis metas eran ser futbolista profesional e ingeniero en petróleos. Ninguna de las dos se cumplieron. En la actualidad hago actividad física a mi ritmo, soy administrador de empresas y trabajo en un ‘brocker’ de seguros.

 

 APOYO. Edison realiza sus actividades sin ayuda alguna. Se ha convertido en el apoyo de muchos guerreros y sus familias.

Giro de 180 grados

 

 

Como jugaba fútbol tenía molestias en la rodilla derecha. Decidí visitar,  por alrededor de nueve meses, varios centros médicos de Quito. En ese lapso no recibí un diagnóstico certero. Fue en una clínica privada que en noviembre de 2004 me dijeron que tenía leucemia.

 

 

No sabía de qué se trataba. Pensé que era una enfermedad de tratamiento corto, porque no me dijeron de sus consecuencias. A los tres meses de haber iniciado el tratamiento me explicaron lo que tenía. Fue un impacto muy duro. 

 

 

Fue muy frustrante dejar una vida de mucho ejercicio a no poder realizar mayor esfuerzo, por la condición que tenía. La vida me dio un giro de 180 grados.

 

 

Recibí un protocolo de 128 quimioterapias y por mi edad no me dieron radioterapia. Fueron sesiones muy duras.

 

 

Muchas de las veces quise abandonar, sobre todo por los estragos. Tenía mucho vómito, diarrea y dolor de cabeza, que me duraba dos o tres días. Se me cayó el cabello, las pestañas, las cejas. Pero mi mayor fortaleza fue mi madre.

 

Llegó la hemiplejia

 

 

A los pocos meses de haber iniciado el tratamiento terminé en terapia intensiva, por una toxicidad al medicamento usado en las quimioterapias que me hizo alucinar. Veía que las cosas cobraban vida y que me querían llevar.

 

 

Ese fármaco me condujo a una hemiplejia que afectó el habla y la movilidad del lado derecho del cuerpo. Me dijeron que no voy a volver a caminar, que estaría atado a una silla de ruedas. Eso fue lo que más me impactó, porque siempre fui muy activo.

 

EL DATO

Hoy se celebra el Día Mundial contra el Cáncer.Con más de un año de fisioterapia y ejercicio logré recuperar mi movilidad. Ahora no camino al 100%, pero lo hago bastante bien, me movilizo solo y no dependo de terceros.

 

 

 Cuando veía a compañeros y amigos de quimioterapia que fallecían, me preguntaba: ‘¿Para qué sigo adelante?’ Quería abandonar el tratamiento, pero mi mami Hilda me decía: “Tienes que salir adelante, vamos a continuar, quiero verte sano, quiero verte profesional, quiero ver que me des un nieto, quiero que te sientas realizado”. Gracias a mi madre, quien fue mi soporte, pude culminar el tratamiento.

 

 

Pero algo que me marcó y me dio fuerzas para seguir en la lucha fue la imagen de mi hermano Kleber, cinco años menor, quien lloraba a mi lado y yo solo le veía. No reaccionaba, porque no tenía fuerzas.

 

 

 RECUERDO. Esta es la única fotografía que Edison se tomó durante la lucha contra el cáncer. (Cortesía)

Discriminación

 

 

Nunca dejé de estudiar. Recibía la quimioterapia en la tarde, padecía toda la noche con los malestares y al día siguiente iba a clases. Mis padres me dejaban y me retiraban, estaba en silla de ruedas a causa de la hemiplejia.

 

 

Me gradué del colegio, estudié tres semestres a distancia en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) y me retiré. Cuando terminé el tratamiento ingresé a la Universidad Central, pero era demasiado esfuerzo, estaba recién recuperándome y me retiré. Tiempo después trabajé y estudié en la Universidad Metropolitana, de forma presencial, y obtuve mi título de ingeniero en Administración de Empresas.

 

 

Pero cuando estuve enfermo recibí mucha discriminación en el colegio, en la universidad y hasta en el transporte público. No decían nada, pero trataban de esquivarme por usar una mascarilla, llevar un pañuelo en la cabeza, tener la piel amarillenta o pálida y estar un poco hinchado. Incluso escuché comentarios que decían que mi estado era consecuencia de una buena borrachera. ¡Qué equivocados estaban!

 

Un reencuentro

 

 

Considero que la leucemia fue una prueba de Dios, para que aterrice y pueda disfrutar cada segundo de la vida, amando lo que estoy haciendo. La enfermedad hizo que ahora vea la vida de forma diferente. En todo ese tiempo conocí a quienes eran mis verdaderos amigos, con los que realemnte podía contar. 

 

 

Hizo que replantee mi futuro y el giro que tuve me enseñó que puedo llegar a ser feliz. El cáncer ha significado, más que tristezas, muchas alegrías y me ha ayudado a ser mejor como persona.

 

 

A quienes ahora lo enfrentan, les digo que es una enfermedad que toca a pocas personas y debemos sentirnos afortunados, porque nos da la oportunidad de ser mejores, poner buena cara y afrontarlo.

 

 

Confío en Dios. No creo que la enfermedad regrese y si lo hace la vuelvo a enfrentar, por el amor a mi esposa Vanessa y a mi hija que llegará en mayo. Si antes luché por mis padres y hermano, hoy con más razón lo voy a hacer por mi propia familia.

 

LA CIFRA

 

128 quimioterapias recibió Edison Criollo durante dos años y medio.