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Ningún país está más lejos que Ecuador respecto de las latitudes de los deportes invernales.

¿Qué necesitó hacer un deportista de esa nación cuando deseó participar en los Juegos Olímpicos de Invierno?

 

Sencillo, mover el mundo. Klaus Jungbluth Rodríguez (38 años) se convirtió en el primer ecuatoriano de la historia en participar en estas justas, al competir ayer en los 15 kilómetros estilo libre del esquí de fondo en Pyeongchang.

 

“Contento, muy feliz de finalmente haber terminado este proceso, con mucho orgullo y quiero dedicar este triunfo a todo el país”, dijo Jungbluth después de la prueba.

 

¿Triunfo?, preguntarán algunos que solo observen la posición que el guayaquileño de bisabuelo alemán ocupó en la carrera. Fue el número 112, entre 116 competidores que terminaron la competencia.

 

 

“El tiempo de las carreras es importante, pero más importante es dar lo mejor de sí en la carrera”, aclaró Jungbluth, quien conoció el esquí durante un tiempo que residió en Noruega y República Checa.

 

Cuando decidió que su objetivo era poner a Ecuador en el mapa de los deportes invernales, tuvo que hacer de todo: utilizó esquíes sobre ruedas para recorrer las calles de Guayaquil ante la mirada incrédula de los transeúntes; se hizo de alguna forma de los recursos para emprender viajes a Europa, a fin de competir sobre nieve.

 

“Poco a poco, ganando en experiencia, en competencias y entrenamientos, más la ayuda de todos fui logrando los puntos necesarios hasta poder clasificar”, recordó.

 

Había otro problema. Por supuesto que Ecuador no tenía una Federación de Esquí, requisito para que se aceptara a un participante de la nación sudamericana en Pyeongchang. Así que Jungbluth creó la federación, de dos integrantes, junto con un paisano.

 

“Sí, junto a otro compañero de Ecuador logramos el apoyo del Comité Olímpico Ecuatoriano para poder conseguir la autorización de la Federación Internacional de Esquí, que nos permitiera participar en competencias oficiales y se logró”, dijo. “Fue un trabajo muy sacrificado, lleno de determinación y sacrificio, que hoy rindió sus frutos”, añadió.

 

Lo ocurrido durante la jornada en el Parque Olímpico de Alpensia tuvo sabor a victoria. Tras pasar la meta, Jungbluth se arrodilló en la pista, donde lo recibieron su esposa, Erika Ermacora, y sus hijas. (D)

 

Lo dedico a mi familia, que fue mi gran apoyo. A todo el pueblo ecuatoriano. También a mis padres, mi esposa, mis hermanos y mis cuatro hijas.

Klaus Jungbluth, esquiador nacional