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Nacido en la antigua colonia lusa Guinea Bissau, tenía hace tiempo la etiqueta de ‘patito feo’, colgada por la mayoría de los aficionados y de la prensa portuguesa.

 

Fue el más discutido de los 23 convocados por el entrenador Fernando Santos, pero el domingo fue elevado a héroe nacional con el gol que derrotó a Francia en la final de la Eurocopa.
Mientras todos los focos apuntaban a las dos estrellas del fútbol europeo (Ronaldo y Griezmann), el hombre del encuentro fue un delantero que no había tenido minutos ni en los octavos de final ni en los cuartos ni en las semifinales, que su única participación en el torneo habían sido 13 minutos, seis ante Islandia y siete contra Austria. Nada más.
La última temporada jugó en el Swansea y la próxima lo hará en el Lille francés.
La ayuda. Desde que Paulo Bento lo hizo debutar en un partido clasificatorio para el Mundial del 2014 ante Azerbaiyán, la sombra de la duda perseguía al delantero.
Siempre estuvo lejos de ser titular y cuando jugó lo hizo por lesiones de los delanteros centros titulares (Hélder Postiga y Hugo Almeida). En el Mundial del 2014, le tocó ese papel de actor suplente y pasó desapercibido en los tres encuentros que jugó, dos de ellos supliendo a Almeida y a Postiga.
Desde que Santos dirige a Portugal, su participación fue aún más testimonial, pues en el sistema del técnico Éder no daba garantías suficientes.
¿Cómo llegó a soportar Éder tanta desconfianza? Él mismo dio la clave a la televisión lusa, una vez consagrado campeón europeo: “Quiero agradecer a Susana Torres, mi entrenadora de alto rendimiento”.
El delantero recurrió a una “coaching”, una especialista que sigue un método de motivación para acompañar, instruir y enseñar a una persona con un objetivo concreto.
De niño. Nació en Bissau, capital de Guinea Bissau, antigua colonia portuguesa en África, sacudida por la inestabilidad, la pobreza y el tráfico de droga.
Éder emigró a Lisboa con su familia cuando tenía tres años. Sin embargo, el hoy héroe nacional acabó en un orfanato.
Empezó a jugar al fútbol en la Asociación Desportiva e Cultural da Adémia, en Coimbra. El dueño de una carnicería, aficionado del Adémia, le prometía a Éder una chuleta por cada gol que marcase.
En el 2008, fichó por el Académica de Coimbra, donde se hizo un nombre en la Liga portuguesa.