En los mercados, más del 50% de comerciantes, con Covid-19

Redacción LIMA
El panorama en las ciudades de Perú es similar al del resto de América Latina. Mientras se aplicaron estrictísimas restricciones de movilidad y circulación, los mercados continuaron funcionando con sorprendente regularidad. Cualquier medida de prevención fue poca frente a la necesidad de comerciantes de vender sus productos, y de la población, de alimentarse.

 Hacer la compra en los mercados de Lima significa con mucha probabilidad llevarse de «yapa» (de propina) a casa el coronavirus, presente en buena parte de los comerciantes que han hecho de los centros de abasto el principal foco de contagio de la enfermedad en Perú.

Con ese tono coloquial, el presidente de Perú, Martín Vizcarra, advertía días atrás del riesgo existente en los mercados. Por ello ordenó evaluar y reorganizar de manera urgente 36 instalaciones de este tipo en la capital peruana, y los primeros resultados, devastadores, demuestran que estaba en lo cierto.

Ninguno de los mercados inspeccionados se salva.

Todos tienen en sus puestos de venta a portadores del virus SARS-CoV-2 y en algunos casos en una proporción y concentración alarmante, como en el Mercado Mayorista de Frutas de Lima, donde el 80 % de los comerciantes dio el miércoles positivo para el Covid-19.

De los 198 vendedores a los que se les practicó la prueba, 157 estaban contagiados, lo que supone un récord de concentración del virus, muy por encima del 13,5 % de positivos registrados a nivel nacional.

Segregados. La orden es que no salgan de sus precarias casas durante 14 días hasta que estén todos curados.

‘Nadie entra, nadie sale’

«Nadie entra, nadie sale» es la consigna que se escucha en Cantagallo, la comunidad indígena urbana del centro de Lima, convertida en un súbito gueto sanitario que cercó y aisló aún más del resto de la ciudad a los shipibos que allí viven después de que el 72 % de ellos diera positivo por coronavirus.

Con unas 250 familias de la etnia amazónica shipibo-konibo en condición de pobreza que sobreviven hacinadas y sin servicios básicos a orillas del contaminado río Rímac, Cantagallo se ha vuelto el punto de mayor concentración de Covid-19 en Perú.

Al día siguiente de las pruebas, los habitantes de Cantagallo amanecieron rodeados por una valla que custodiaban policías y militares para impedirles cruzar el cerco.
 

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