Ballenas jorobadas bajo amenaza en Ecuador: redes de pesca y malas maniobras para avistarlas las afectan

Su estado de agitación mostraba su desesperación por volver al mar. Varias personas trataban de ayudar incansablemente. El objetivo era no dejar morir al ballenato de la especie Megaptera novaeangliae, más conocida como jorobada, que se había varado en El Pelado, Playas, el sábado 18 de julio.

Jessica Noboa y su novio llegaron al sitio a dar auxilio al cetáceo. Desde las 17:30 del sábado hasta la 01:00 del domingo trataron de guiar al animal al océano. “Llamé al 911 y no tuve respuesta. Luego vinieron dos policías y solo tomaron fotos. Pudimos devolverlo al mar, pero otra vez se varó. Pese al frío de la noche, seguimos”, indica Noboa.

El cansancio obligó a los rescatistas a dejar al animal. El domingo, Noboa, con una amiga, contrató un bote para remolcar a la ballena. “En tierra había personas empujando y nosotros en el bote la halamos. Llegamos a marea alta y la desatamos. Movió su cola y se sumergió”, indica Noboa.

Jessica Noboa y un grupo de personas lograron rescatar a un ballenato varado en El Pelado, Playas. Foto: Cortesía Jessica Noboa

Dos días después del rescate, Noboa encontró el cadáver de una ballena en el mismo sector: “No era el ballenato que salvamos. Ese medía entre 3 y 4 metros. La que encontramos después medía seis metros”.

De junio a octubre, al menos 9000 yubartas llegan a Ecuador, luego de un periplo de 7000 kilómetros desde la Antártida, para parir a sus crías y reproducirse. En las últimas tres semanas se registraron varios varamientos y muertes de jorobadas en Esmeraldas, Manabí, Santa Elena y Guayas. Hay ballenas que mueren naturalmente. Sin embargo, hay otras que se enredan en redes de pesca y se ahogan o varan.

Las redes de pesca son las que más impactan en la muerte de las jorobadas”, dice Cristina Castro, de Pacific Whale Foundation.

Esta problemática también afecta a los pescadores: “Una red de trasmallo suele costar entre 3000 y 4000 dólares, el pescador pierde también, por eso se deben generar políticas públicas que ayuden en la capacitación y busquen alternativas sostenibles”, recomienda Castro.

Según la experta, se ha comprobado que el bajar la red entre 50 y 80 centímetros de la superficie del agua evita el enredo de ballenas en un 70 %.

Además, Pacific Whale Foundation está proponiendo al Gobierno nacional que el próximo año se realice un curso para enseñar a pescadores o personas con embarcaciones a desenmallar a las ballenas.

Sin embargo, los varamientos de los ballenatos también se dan porque son separados de sus madres. “El escenario se complica para ellos porque nunca encontrarán a su madre. Cuando se varan, aunque suene doloroso, lo mejor es aplicar la eutanasia”, dice Castro.

La cría se alimenta solo de leche materna rica en grasa que le permite engrosar para resistir el regreso a la Antártida.

Días después de rescatar al ballenato, apareció una ballena jorobada muerta en El Pelado. Foto: Cortesía Jessica Noboa

De hecho, en el protocolo de respuesta para varamiento de especies marinas, emitido por el Ministerio del Ambiente y Agua, se establece que no todos los animales que llegan a la playa vivos pueden ser auxiliados. Todo dependerá de la evaluación de un profesional.

Pero en especies como las jorobadas, la madre no se separa de su cría voluntariamente. Esto pasa cuando hay un “acoso del turismo”: “Hay botes que las persiguen y se ubican entre el ballenato y su mamá y las alejan”, dice Castro.

La experta afirma que un grupo de pescadores “aprovechó” la pandemia y ofrecieron el avistamiento sin aplicar los protocolos adecuados. Recién hace una semana los barcos turísticos fueron autorizados para realizar recorridos.

Aunque Noboa es consciente de las bajas probabilidades de supervivencia del ballenato al que ayudó, asegura que “mientras hay vida, hay esperanza. Espero que esté vivo”.

Más especies marinas afectadas por la actividad humana en El Pelado

Jessica Noboa vive en el sector de El Pelado, Playas, desde hace cinco años. En este tiempo ha podido rescatar a siete tortugas marinas, entre ellas golfinas (en estado vulnerable). Dice que las ha encontrado con anzuelos en la garganta, golpes en la cabeza o con el caparazón partido.

“Las hemos enviado al centro de cuidado que queda en Machalilla, en Puerto López (Manabí)”, dice Noboa.

Tortugas marinas con golpes en la cabeza han sido rescatadas por Jessica Noboa. Foto: Cortesía Jessica Noboa

Además, afirma que seis de los siete reptiles tenían plástico en el estómago. “Llegan las personas para realizar surf y como no hay tachos de basura, dejan platos, vasos de plástico, latas y botellas de cerveza”, indica.

La actividad pesquera artesanal también tiene impacto en las especies marinas locales, según Noboa. Los golpes que presentan las tortugas, en su mayoría, son ocasionados por ciertos pescadores ya que los reptiles se quedan atrapados en sus redes: “Hay personas que tienen conciencia y otras que no. Una vez vi leones marinos y pensé que serían un atractivo turístico, pero luego aparecieron muertos, los matan porque se comen el pescado que queda en el trasmallo o rompen las redes”. 

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